Por: Rodrigo Vergara Ruiz.
I.A., M.Sc. Entomología –  Consultor.

  1. Introducción

La simplificación de los ecosistemas por actividades humanas, es más que nefasta. Entre los organismos vivos de todas las fuentes existe una variabilidad. Ello incluye todos los ecosistemas del planeta. Se dice que esta diversidad biológica, incluye todas las manifestaciones de vida y comprende todos los niveles de organización de especies de plantas, animales y microorganismos que habitan un espacio determinado, su variabilidad genética y los ecosistemas en los cuales se encuentran estas especies. Así mismo comprende todos los procesos evolutivos y ecológicos que se dan a nivel genético, de especies, ecosistemas y biomas.

La invención de la agricultura hace apenas unos diez mil años marcó un paso crucial en la superación de la barbarie y la conquista de la civilización y constituye una de las más decisivas victorias del hombre en su lucha ancestral e incesante contra las fuerzas opresivas de la naturaleza. Con la agricultura el hombre dio un salto cualitativo hacia adelante que lo llevó desde un papel pasivo, casi animal. Por su dependencia de la recolección de frutos y caza de animales pequeños, hasta la forma activa de agente transformador (Patiño, 2016).

No se puede juzgar al hombre como agente transformador. Quizás sus actividades equivocadas o no, forzaron cambios en los ecosistemas, que dieron como resultado alteraciones en la complejidad de los ecosistemas. Tal es el caso del surgimiento de plagas y enfermedades en los nuevos agroecosistemas. Tal como lo sostienen Altieri y Nicholls (1994), que aunque los fitófagos varían ampliamente en su respuesta a la distribución del cultivo, abundancia y dispersión, la mayoría de los estudios agroecológicos muestran que los atributos estructurales (p.ej., conformaciones espaciales y temporales del cultivo) y de manejo (p.ej., diversidad de cultivo, niveles de inputs, etc.) de los agoecosistemas influyen en las dinámicas de las poblaciones de fitófagos. Muchos de estos atributos están relacionados con la biodiversidad y la mayoría son susceptibles de manejo (p.ej., secuencias y asociaciones de cultivos, diversidad de malas hierbas, diversidad genética, etc.).

Los científicos se preguntan si, los monocultivos tipo café, banano a la floricultura son un ejemplo de la operatividad que deben cumplir los agroecosistemas, o si son lugares disturbados o propensos a generar alteraciones ecológicas. Estos sistemas de producción son insumo-dependientes, frágiles y cuando se presentan organismos nocivos, las tareas para establecer un balance natural se dificultan (Figura 1).

Figura 1. Monocultivos de banano, flores y café.

El autor de este artículo aborda este tema con el fin de crear conciencia para que se respete la biodiversidad. Tal como lo ha expresado Stephen Hawking (2017), la humanidad solo cuenta con 100 años para salir del planeta tierra o enfrentar la extinción. El futuro para sobrevivir se dificulta debido a las factibles guerras nucleares, control de la población, cambio climático y el tema cósmico, impacto de los asteroides. En efecto el cambio climático impactará la biodiversidad y sus servicios ecológicos.

La biodiversidad constituye todas las especies de plantas, animales y microorganismos existentes que interactúan dentro de un ecosistema. En todos los agroecosistemas, los polinizadores, los enemigos naturales, las lombrices de tierra y los microorganismos del suelo son componentes clave de la biodiversidad y juegan papeles ecológicos importantes, al mediar procesos como la introgresión genética, el control natural, el reciclaje de nutrientes, la descomposición, entre otros. (Figura 2). Particularmente la diversidad agrícola o agrodiversidad es un concepto, que reúne lo relativo a la diversidad biológica para la producción agrícola y comprende los recursos genéticos de plantas y animales, organismos del suelo, insectos y otros organismos en ecosistemas manejados o agroecosistemas, y también los elementos de ecosistemas naturales para la producción de alimentos. En los últimos años, los científicos han comenzado a darle mayor importancia al papel que juega la biodiversidad en el funcionamiento de los sistemas agrícolas, considerando que es precisamente el principio fundamental de la agricultura sostenible.

Figura 2. Biodiversidad en Colombia.

Se pueden reconocer dos tipos de componentes de la biodiversidad: el primero, la biodiversidad planificada, es la biodiversidad asociada con los cultivos y anímales incluidos en el agroecosistema por el agricultor, que variará de acuerdo con el manejo y los arreglos de cultivos. El segundo, la biodiversidad asociada, incluye la flora y fauna del suelo, los herbívoras, descomponedores y depredadores, que colonizan al agroecosistema desde los ambientes circundantes y que permanecerán en el agroecosistema dependiendo del tipo de manejo adoptado. Por lo que resulta clave identificar el tipo  de biodiversidad que es deseable de mantener o incrementar de manera que se puedan llevar a cabo las funciones o servicios ecológicos, para determinar cuáles son las mejores prácticas de manejo e incrementar la biodiversidad deseada.

Un agroecosistema debe tener alrededor de 150 especies agrícolas, para ser considerado de buena diversidad. Mientras más diversos son los sistemas productivos, más complejos y estables resultan; cuantos más componentes biológicos haya en  los sistemas, mayores mecanismos de autorregulación habrá, y entre mayores sean los mecanismos de autorregulación, mayor será el equilibrio de los sistemas.

Es la disciplina científica que enfoca el estudio de la agricultura desde una perspectiva ecológica, se define como un marco teórico, cuyo fin es analizar los procesos agrícolas de manera más amplia. El enfoque agroecológico considera a los ecosistemas agrícolas como las unidades fundamentales de estudio y en estos sistemas, los ciclos minerales, las transformaciones de energía, los procesos biológicos y las relaciones socioeconómicas son investigadas y analizadas como un todo.

2. Generalidades

Los sistemas de monocultivo son ambientes difíciles para inducir un control biológico eficiente de las plagas, ya que estos sistemas carecen de recursos adecuados para un funcionamiento efectivo de enemigos naturales y porque en dichos sistemas se utilizan frecuentemente prácticas de cultivo perturbadoras. Los sistemas de cultivo más diversificados generalmente contienen determinados recursos específicos para los enemigos naturales, derivados de la diversidad vegetal, y generalmente no son perjudicados por los plaguicidas (especialmente cuando son manejados por propietarios de bajos recursos que no pueden permitirse una tecnología de elevados inputs). Estos sistemas son también más favorables a la manipulación.

La biodiversidad reviste gran importancia por los servicios ambientales que se derivan de ella y por sus múltiples usos: nuestra alimentación proviene de la diversidad biológica, los combustibles fósiles son subproducto de ella, las fibras naturales también; el agua que tomamos y el aire que respiramos están ligados a ciclos naturales con gran dependencia en la biodiversidad; la capacidad productiva de los suelos depende de su diversidad biológica, y muchos otros servicios ambientales de los cuales depende nuestra supervivencia. Desde una perspectiva biológica, la diversidad es vital porque brinda las posibilidades de adaptación a la población humana y a otras especies frente a variaciones en el entorno. Asimismo, la biodiversidad es el capital biológico del mundo y representa opciones críticas para su desarrollo sustentable (CDB, 1992).

Bien, si el hombre modifica los entornos frágiles para establecer monocultivos como la floricultura, aporta facilidades para que los insectos-plagas se presenten y por ello es necesario introducir cambios en la biodiversidad para que los enemigos naturales actúen. Esto se hace, según varios autores citados por Altieri y Nicholls (1994) así:

  • Proporcionando hospedadores/presa alternativos en los momentos de escasez del fitófago plaga.
  • Proporcionando alimento (polen y néctar) para parasitoides adultos y depredadores.
  • Proporcionando refugios para la invernación, nidación y otras fases.
  • Manteniendo poblaciones aceptables del fitófago durante períodos extensos para asegurar la supervivencia continua de los insectos beneficiosos.

La agricultura tradicional se basa en el conocimiento que ha sido acumulado por muchas generaciones, que se ha generado empíricamente y por experimentación campesina. La agrodiversidad es siempre inherente a los sistemas agrícolas tradicionales y contribuyen decisivamente a su sostenibilidad, lo que garantiza un uso más eficiente de los recursos locales y reduce la dependencia de insumos externos, a la vez que conserva los recursos biológicos y reduce los riesgos. En los agroecosistemas tradicionales, la prevalencia de sistemas de cultivos complejos y diversificados es de importancia capital para los campesinos, ya que las interacciones entre cultivos, animales y árboles resultan en sinergias benéficas, que permiten a los agroecosistemas patrocinar su propia fertilidad, el control de plagas y la productividad.

En los agroecosistemas modernos, la evidencia experimental sugiere que la biodiversidad puede ser utilizada para mejorar el manejo de plagas. Algunos estudios han demostrado que es posible estabilizar las poblaciones de insectos en los agroecosistemas mediante el diseño y la construcción de arquitecturas vegetales, que mantengan las poblaciones de enemigos naturales o posean efectos disuasivos directos sobre los herbívoros plaga.

Al reemplazar los sistemas simples por sistemas diversos o agregar diversidad a los sistemas existentes, es posible ejercer cambios en la diversidad del hábitat, que favorecen la abundancia de los enemigos naturales y su efectividad al proveer:

  • Huéspedes/presas alternativas en momentos de escasez de la plaga.
  • Alimentación alternativa (polen y néctar) a los parasitoides y depredadores adultos.
  • Mantener poblaciones aceptables de la plaga por períodos extendidos, a manera de asegurar la sobrevivencia continua de los insectos benéficos (Figura 3).
Figura 3. Insectos benéficos para cultivos de flores.

2.1  La biodiversidad vegetal y las poblaciones plagas

Los técnicos, productores, académicos e investigadores, se han preguntado durante muchas décadas sobre el tipo de agroecosistema que favorece la biodiversidad insectil: los complejos o los simplificados. Aunque la mayoría de los experimentos se han interesado en comparar las tendencias de las poblaciones de insectos entre hábitats sim-ples y complejos, muy pocos se han centrado en aclarar la naturaleza y dinámicas de las relaciones tróficas entre plantas y fitófagos y entre fitófagos y sus enemigos naturales en agroecosistemas diversificados. Varias líneas de investigación se han desarrollado al respecto.

  • La interacción de cultivo-mala hierba-insecto: Los resultados indican que algunas malas hierbas influyen en la diversidad y la abundancia de insectos fitófagos y sus enemigos naturales asociados en los agroecosistemas. Determinadas malas hierbas angiospermas (principalmente Umbelíferas, Leguminosas y Compuestas) tienen una importante función ecológica albergando y manteniendo un complejo de artrópodos beneficiosos que ayudan a suprimir las plagas (Altieri et al., 1977; Altieri y Whitcomb, 1979b, 1980).
  • La dinámica de los insectos en policultivos anuales. Existe abrumadora evidencia de que los policultivos mantienen una menor carga de fitófagos que los monocultivos. Un factor que explica esta tendencia es que en policultivos pueden persistir poblaciones de enemigos naturales relativamente más estables debido a una más continua disponibilidad de recursos alimenticios y microhábitats (Letourneau y Altieri, 1983; Helenius, 1989). La otra posibilidad es la mayor probabilidad de que los fitófagos especializados se encuentren y permanezcan en un monocultivo puro que suministra recursos concentrados y condiciones físicas homogéneas (Tahvanainen y Root, 1972).
  • Los fitófagos en sistemas complejos de cultivos perennes: La mayoría de estos estudios han explorado los efectos de la manipulación de la vegetación que cubre el suelo (cobertura) sobre las plagas de insectos y enemigos asociados. Los resultados indican que los huertos con rica cobertura floral presentan menor incidencia de plagas que los huertos con suelo desnudo, principalmente debido a un incremento de la abundancia y eficiencia de depredadores y parasitoides (Altieri y Schmidt, 1985). En algunos casos la cubierta del suelo afecta directamente a especies de fitófagos que discriminan entre árboles con o sin cubierta vegetal.
  • Los efectos de la vegetación adyacente. Estos estudios han documentado las dinámicas de colonización de plagas de insectos que invaden los campos de cultivo desde la vegetación de la orilla, especialmente cuando esa vegetación está relacionada botánicamente con el cultivo. Numerosos estudios señalan la importancia de vegetación salvaje colindante en el abastecimiento de alimento y hábitat alternativos a los enemigos naturales que se desarrollan cerca de los cultivos (Van Emden, 1965b; Wainhouse y Coaker, 1981; Altieri y Schmidt, 1986a) (Figura 4).
Figura 4. Corredores biológicos para el control natural de plagas.

En los sistemas de producción agrícola los humanos hacen programación de sus siembras (cultivos), los días de producción y cosecha, etc. Esto conlleva a temas en un cultivo de flores: vegetación programada, especies arvenses invasoras, y la vegetación perimetral. En todas estas plantas se encuentran insectos (tanto benéficos, como fitófagos). Dependiendo de las condiciones ambientales se dará un dinámica de población en cada especie de artrópodo de modo variable.

La respuesta de las poblaciones de insectos a las manipulaciones ambientales depende de su grado de asociación con uno o más de los componentes vegetales del sistema. La extensión del período de cultivo, o la planificación temporal o espacial del cultivo, pueden permitir que los agentes naturales de control biológico alcancen niveles de población más altos en huéspedes o presas alternativas y persistan en el medio agrícola durante todo el año.

Puesto que los sistemas agrarios de una región son manejados de acuerdo a una gama de inputs de energía, niveles de diversidad del cultivo y etapas subsecuentes, es probable que ocurran variaciones en las dinámicas de insectos y que sean difíciles de predecir. Sin embargo, sobre la base de la actual teoría ecológica y agronómica, se deberían esperar bajos potenciales de plagas en agroecosistemas que exhiben las siguientes características.

  1. Alta diversidad de cultivos mediante mezclas en el tiempo y espacio.
  2. Discontinuidad de monocultivo en tiempo mediante rotaciones, uso de variedades de maduración corta, uso de períodos libres de cultivo o preferiblemente libres de hospedadores, etc.
  3. Pequeños campos dispersos creando una estructura de cultivos en mosaico con cultivos colindantes y tierra sin cultivar que potencialmente provean refugio y alimento alternativo a los enemigos naturales (Altieri y Nicholls, 1994).

Precisamente este último aspecto se ha desarrollado y aplicado a los cultivos trampa. Esto se practica en cultivos de soja, contrra Nezara viridula, en el mismo cultivo en Brasil para reducir poblaciones de Euschistus sp; en cultivos de papa en Rusia y Bulgaria para el manejo de Leptinotarsa decemlineata, etc, etc, (Altieri y Nicholls, 1994) (Figura 5).

Figura 5. Adultos de Leptinotarsa decemlineata.

En estas relaciones tróficas tienen influencia los metabolitos de la planta hospedera. Un estudio de Altieri y Schmidt (1986b), donde se encontraron bajas densidades del fitófago especialista Phyllotreta chiciferae en un cultivo de brócoli intercalado con otra crucífera hospedadora, la mostaza silvestre Brassica kaber. Las densidades poblacionales de P. cruciferae en las plantas de brócoli fueron mayores en monocultivo que en policultivo, pero esto no ocurrió considerando las poblaciones totales por parcela. La diferencia en la abundancia fue básicamente debido al hecho de que los escarabajos en el cultivo intercalado se concentraban más en la mostaza salvaje que en el brócoli.

Estas preferencias tienen una base química puesto que la mostaza silvestre tiene mayores concentraciones de glucosinolatos que el brócoli, siendo estos fuertes atrayentes para estos coleópteros. Así, en este caso, las diferencias en la abundancia de P. cruciferae causada por diversidad fueron debidas a las preferencias alimenticias de esta especie más que a diferencias en colonización, reproducción o depredación. Obviamente, estas tendencias no se ajustan a los supuestos de ninguna de las dos hipótesis. El análisis de esta información puede proporcionar explicaciones adicionales a las teorías en las relaciones plantas e insectos fitófagos. Las respuestas de estos últimos no son uniformes y no siempre pueden ser explicados por la biodiversidad. Pero otros factores tales como señales visuales, cambios microclimáticos, preferencias alimenticias o efectos directos en la planta hospedera, podrían influir en la localización del hábitat o comportamiento de búsqueda de las especies insectiles.

Frecuentemente la variedad domesticada de una especie vegetal es el resultado de un intensivo programa de mejora que origina, entre otros factores, una reducción en la concentración de sustancias secundarias en varias partes de la planta, produciendo plantas con defensas más simples y menos estables contra los fitófagos. La presencia de parientes silvestres en los márgenes del cultivo puede tener efectos locales en la genética poblacional de una plaga. Se supone que las plantas silvestres pueden contribuir a la diversidad genética de las poblaciones del fitófago, sobre todo si la migración es escasa. Por tanto, el mantenimiento de la flora que rodea al cultivo con una variedad vegetal que posee diferentes complementos defensivos, puede dar como resultado la conservación de la diversidad genética en la población local del fitófago y la disminución de la presión de selección de nuevos biotipos que tengan la capacidad de superar la resistencia de la planta hospedadora o resistir la aplicación de los insecticidas.

Si bien es cierto, que dilucidar, los procesos involucrados en las relaciones plantas-insectos-enemigos naturales dentro del agroecosistema, es una tarea compleja.

Los grandes cambios y las presiones sociales, políticas, económicas y culturales hacen necesario generar conocimiento científico apropiado para conocer, a todo nivel y escalas, la alta diversidad que se presenta en el territorio nacional, y es en este contexto que la academia desempeña un papel preponderante en la participación directa en la generación de dicho conocimiento.

A partir de las anteriores definiciones se colige que el manejo o la gestión de la biodiversidad requiere mediciones, y estas solo son posibles cuando se les asigna un valor cuantitativo, cuyos valores se pueden comparar. Por tanto, es necesario tratar de desentrañar algunos de los elementos que componen la biodiversidad. En la actualidad el estudio de la diversidad se ha dividido en tres ramas fundamentales: la diversidad genética, la diversidad de especies y la diversidad de ecosistemas, que corresponden a los tres niveles fundamentales, relacionados jerárquicamente, de la organización biológica (Figura 6).

Por tanto, la investigación en biodiversidad puede tener varios frentes: uno de ellos la evaluación cuantitativa de la diversidad en un ecosistema dado, más allá de la vegetación. Esto incluye microorganismos, invertebrados, aves y mamíferos; los que deben ser puestos en contexto acordes con las características del suelo y el clima de cada ecosistema. Un segundo componente de investigación se refiere al estudio de los recursos biológicos, que incluye los recursos genéticos, los organismos o partes de ellos, poblaciones, o cualquier otro componente biótico de los ecosistemas de valor o utilidad real o potencial para la humanidad.

Figura 6. Biodiversidad florística y faunística de Colombia.

Un tercer componente de investigación se dirige a las aplicaciones de la biotecnología, entendida como toda aplicación tecnológica que utilice o modifique sistemas biológicos y organismos vivos o sus derivados (CDB, 2014).

3. El rol ecológico de Arvenses

Durante mucho tiempo la vegetación espontánea, perimetral, etc, ha sido tema de investigaciones que no valoran esta flora, hoy conocida como plantas arvenses.  Colombia es el país más rico en especies vegetales del mundo. La riqueza vegetal puede alcanzar unas 50 mil especies, mientras que todo el continente europeo no llega a las diez mil. Tal como lo visualizaron anticipadamente el barón de Humboldt y los científicos patriotas de la expedición botánica, los sistemas selváticos de Colombia constituyen un banco inmensurable de materias primas, puesto en evidencia con mayor rigor y claridad a través de la investigación ecológica y molecular de las últimas décadas (Patiño, 2016).

Las flores de algunas arvenses son también una importante fuente de alimento para varios insectos depredadores (van Emden, 1965b). El polen contribuye a la producción de huevos de muchas moscas de sírfidos y se ha señalado como una importante fuente de alimento para muchos depredadores Coccinellidae. Las crisopas parecen preferir flores compuestas que suministran néctar para satisfacer sus requerimientos de azúcar (Hagen, 1986).

Las malas hierbas pueden aumentar las poblaciones dé insectos fitófagos que no son plagas (insectos neutrales) en los cultivos. Dichos insectos sirven como hospedadores o presas alternativos para los insectos entomófagos, mejorando así la supervivencia y reproducción de estos insectos benéficos en el agroecosistema. Por ejemplo, la efectividad del taquínido Lydella grisescens, un parásito del taladrador europeo del maíz Ostrinia nubilalis, puede aumentar por la presencia del hospedador alternativo, Papaipema nebris un perforador de tallos de la arvense Ambrosia spp (Syme, 1975).

Aunque todas las hipótesis que explican las dinámicas poblacionales de los fitófagos en los sistemas de cultivo diversificados con malas hierbas atribuyen un efecto de la estructura física de las plantas en la disminución de la abundancia de fitófagos y/o en el aumento de las densidades de enemigos naturales, pocos experimentos han aislado el efecto competitivo de malezas para evaluar exclusivamente los efectos de la arquitectura y la densidad vegetal (Altieri y Letourneau, 1984). Un problema de estos experimentos es que no aíslan la diversidad cultivo-mala hierba como una variable independiente. En la mayoría de los casos, la diversidad de malas hierbas tendría que disminuir la abundancia de fitófagos al reducir el tamaño o la calidad de las plantas cultivadas (Kareiva, 1983). La densidad de malas hierbas, diversidad, parcela o tamaño de los rodales son todos factores cuya interacción pueden influir en la calidad del cultivo y en densidades de los fitófagos.

La presencia malezas en cultivos afecta tanto a la densidad de plantas como a los patrones de espacio, factores que según se sabe influyen significativamente en las poblaciones de insectos (Mayse, 1983). De hecho, muchos fitófagos responden especialmente a la densidad de las plantas; algunos proliferan en cultivos cerrados, mientras que otros alcanzan alto número en los abiertos. Las poblaciones de parásitos y depredadores tienden a ser mayores en siembras de alta densidad. Mayse sugiere que el microclima asociado a la cobertura cerrada que se produce tras siembras densas y tempranas, puede incrementar la velocidad de desarrollo de algunos depredadores y posiblemente facilitar la captura de presas.

Es importante establecer una diversidad de plantas capaz de atraer una población de enemigos naturales óptima en número y diversidad. El tamaño y la forma de las flores determinan cuáles insectos son atraídos, ya que solamente aquellos que pueden acceder al polen y néctar de las flores harán uso de las fuentes de alimento provistas. Para la mayoría de los insectos benéficos, incluidas las avispas parasitarias, las flores deben ser pequeñas y relativamente abiertas. Las plantas de las familias de las compuestas, por ejemplo, margaritas o girasoles, y las umbelíferas son especialmente útiles.

La abundancia y diversidad de insectos benéficos dentro de un campo depende de la diversidad de plantas en la vegetación que lo rodea. Para aprovechar la diversidad de insectos, algunos agricultores han establecido corredores compuestos por diversas especies florales, los cuales se conectan con bosques riparios (cercanos a \ cursos o fuentes de agua) y cruzan los viñedos. Estos corredores sirven como “carreteras biológicas” para el desplazamiento y la dispersión de depredadores y avispas parasitarias hada el centro de tos viñedos. Algunos estudios revelaron que con frecuencia se encuentran especies de depredadores, incluidas las arañas, en las flores de las (Mantas de los corredores, demostrando que la población de depredadores clave se establece y circula dentro de ellos (Figura 7).

Figura 7. Elaboración de compostaje en floricultura.

Reflexiones finales

A pesar de las investigaciones hasta ahora realizadas, los científicos no tienen la capacidad de desarrollar una teoría que indique que elementos específicos de la biodiversidad deberían ser conservados, añadidos o eliminados para mejorar el control natural de plagas.

Una visión adicional respecto a la diversidad, es su componente social y político, en lo que tiene que ver con las discusiones globales sobre la necesidad de repensar la apropiación y la conservación de la diversidad biológica desde la perspectiva de los movimientos sociales, en particular los que han surgido recientemente en las regiones ricas en biodiversidad, como el bosque húmedo tropical (Escobar, 1998).

Colombia es uno de los países denominados como megadiversos del planeta (MinAmbiente et al., 1996) y forma parte de un pequeño grupo de países que poseen la mayor cantidad y diversidad de plantas, animales y microorganismos; además no solo posee un número elevado de especies, sino también una considerable riqueza endémica.

Colombia es uno de los países con mayor diversidad biológica, ya que con solo el 0,7 % de la superficie continental, posee cerca del 10 % de la diversidad biológica mundial. Esta biodiversidad ha sido utilizada por comunidades tradicionales y es base directa e indirecta de numerosas actividades productivas, por lo cual desempeña un papel estratégico en el desarrollo nacional y en las oportunidades futuras de desarrollo sostenible.

Aunque la mayoría de los estudios realizados hasta el momento con respecto a la relación que se establece entre la diversidad de cultivos y la incidencia de plagas han sido dirigidos al estudio de especies comestibles, medicinales y aromáticas, recientemente, tanto los agricultores como los científicos han volcado sus investigaciones buscando efectos en el agroecosistema, a partir de la introducción de especies florícolas.

Aún se desconoce cuáles plantas se asocian a numerosos insectos benéficos, cómo introducirlas en los agroecosistemas y manejarlas adecuadamente, cuáles son mejores proveedoras de polen, néctar y hábitat.

Si se tiene en cuenta que en la actualidad la floricultura busca alternativas para una producción de flores que eviten la contaminación del medio ambiente, con la calidad y diversidad que satisfaga las exigencias del cliente se deben buscar alternativas de manejo, conjugando la experiencia de los agricultores, que con su saber milenario unido al conocimiento científico-técnico actual permita el incremento de la sostenibilidad y el equilibrio ecológico del agroecosistema.

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