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A partir de esta edición arranca una columna colaborativa en la que diferentes autores escribirán comentarios sobre libros de diversa índole (literarios, históricos, técnicos, de divulgación científica, etc.) que compartan un rasgo común: el tema de la agricultura. 

Los libros que se discutirán en esta sección tendrán origen en las preferencias literarias del respectivo comentarista o podrán haber sido sugeridos a aquel por parte del comité editorial de la revista.  

Si usted, estimado lector, quiere participar en esta columna preparando un comentario sobre un libro relevante para el sector del agro, puede manifestar su interés escribiéndonos a metroflor@gmail.com. Le comunicaremos los pasos a seguir y la disponibilidad de espacios.  

A continuación, presentamos el primer comentario de esta serie, referente a ‘Plantas útiles de Colombia’, la obra más importante de Enrique Pérez Arbeláez. El libro fue seleccionado por Angélica María Pardo L., nuestra jefe de redacción.  

Plantas útiles de Colombia

Comentado por: Angélica María Pardo L. 
Jefe de redacción – Revista Metroflor 

¿Se imagina ponerse en la tarea de conocer, entender, describir, explicar, comentar y dibujar las plantas de Colombia? Ahora imagine hacerlo en 1935, cuando las únicas herramientas con las que se podía contar eran la máquina de escribir y el propio talento.  

Pues esto es lo que hizo el cura Enrique Pérez Arbelaez en su obra magna ‘Plantas útiles de Colombia’, libro que elegí para inaugurar esta columna por ser una de las obras científicas más importantes que se han escrito en nuestro país y por ser su autor uno de nuestros intelectuales más destacados.  

‘Plantas útiles de Colombia’ es una obra enciclopédica dispuesta en tres partes. En la primera, Pérez Arbeláez habla de las múltiples utilidades que tienen las plantas – por su valor industrial, comercial, estético, etc. -. En total, explica 64 utilidades y con frecuencia refiere anécdotas o se resiente de que el pueblo ignore tal o cual utilidad. En la segunda parte delimita el objeto de su estudio: las especies conocidas de plantas angiospermas1 en Colombia. En la última y principal parte del libro desarrolla más de mil especies de plantas, clasificadas a partir de sus familias.  

Así, por ejemplo, cuando habla de la familia de las Rosáceas presenta los cadillos blancos, las plegaderas, el icaco, la cuepia, el membrillero, el níspero del Japón, las fresas, el mortiño, los manzanos, el almendro, albaricoque, cerezo, ciruelo, melocotón, durazno, peral, rosa, zarzamora, pimpinela y volador. De cada una de las especies dice su nombre o nombres científicos, el nombre común con que se le conoce en diferentes países, una descripción de la planta acompañada de un dibujo y un comentario sobre su utilidad, las oportunidades que representa para la agricultura nacional, su procedencia, valor nutricional, medicinal, etc. 

Aunque escrito por un sacerdote, el tono es completamente didáctico y práctico, despojado de todo dogmatismo o alusión a principios metafísicos. En algunas partes llega a transmitir, casi de forma poética, su asombro por lo sorprendente que puede llegar a ser la naturaleza; en otras, reniega del atraso de Colombia con respecto a otros pueblos, de las oportunidades perdidas habida cuenta de la gran riqueza y diversidad de nuestra tierra e, incluso, de la dieta limitada del ciudadano común, caracterizada por un escaso consumo de verduras. 

En el tiempo en que el cura Pérez Arbeláez escribió ‘Plantas útiles de Colombia’, nuestro país, en efecto, estaba muy atrasado. Dentro de las muchas especies que leí, menciona solamente el cultivo de café como significativo a nivel internacional; menciona las posibilidades para desarrollar la piña, el mango, el clavel, el anturio, la chirimoya, el aguacate, el balso, las algas; la urgencia de proteger los bosques; la decadencia de cultivos antaño valiosos como la quina y el caucho y otros muchos temas. Ciertamente, en ese entonces en Colombia estaba todo por hacer y, aunque subdesarrollados, no teníamos los problemas que tenemos ahora: no había guerrillas ni grupos criminales ni narcotráfico. En la entrada correspondiente a la coca, por ejemplo, el autor solamente habla de los usos tradicionales indígenas tanto de Colombia como de otros pueblos suramericanos y refiere aplicaciones en la industria farmacéutica. 

Hoy persiste el atraso agrícola e industrial y sigue habiendo mucho por hacer, pero arrastramos una historia reciente de violencia y degradación ambiental que complica mucho las cosas. Me pregunto ¿Qué comentarios hubiera hecho Pérez Arbeláez si hubiera escrito ‘Plantas Útiles de Colombia 30 o 40 años después? 

Después de la Expedición Botánica, liderada por José Celestino Mutis en el siglo XVIII, la obra de Pérez Arbelaéz (fallecido en 1972) constituye el mayor esfuerzo por entender y sistematizar la riqueza de la flora nacional y ‘Plantas Útiles de Colombia’, en particular, es un elemento fundamental de ese cometido colosal. Recomiendo muy especialmente su consulta a nuestros lectores agrónomos y demás profesionales del agro, quienes seguramente encontrarán interesantes el contenido y las reflexiones de este destacado colombiano, que siendo sacerdote, se ocupaba mucho más de las cosas de la ciencia que de las de la religión.  

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