Por: Lucia Lotero V.
Dirección Operativa
Grupo Fortaleza

 

La palabra ‘cambio’ proviene del latín cambiumy se traduce como ‘dar una cosa por otra’. Creo que uno de los cambios más importantes que se observan en este siglo son los cambios en la estructura de la sociedad. Se han producido cambios en las normas, en las tradiciones y, sobre todo, en la estructura de valores, que cada vez es más difícil de mantener, pues el acceso a información desde temprana edad abre puertas que confunden a los más jóvenes y los lleva a explorar el abismo de lo desconocido y en ocasiones ‘prohibido’.

El cambio tecnológico genera adicciones en niños, adolescentes, adultos y hasta miembros de la tercera edad.  Está claro que es una dicha poder contar con la automatización de pagos por internet; nos encanta poder pagar los servicios públicos y hacer la mayor cantidad de transacciones bancarias desde nuestro móvil. Hasta ahí creo que es perfecto; pero es preocupante ver que la tecnología nos ha vuelto esclavos y que no somos capaces, por ejemplo, de ir a dormir sin chequear nuevamente el correo electrónico empresarial. Peor aún, nos gana la ansiedad por responder inmediatamente, en lugar de dejar el tema para el siguiente día y resolverlo en el horario laboral. Qué difícil nos resulta entender que cuando estamos en casa el tiempo es para nosotros y para nuestra familia.

Leí una frase que dice que la comunicación es el reflejo de lo que ocurre en la sociedad  que me hizo pensar en todo aquello que comunicamos en las redes sociales. Analizaba que simplemente viendo el perfil de Facebook, de Instagram o incluso cuando de preferencias políticas y opiniones en Twitter se trata, las personas dejan reflejado en un comentario su escala de valores. Es así como ves que personas conocidas y reconocidas en los ambientes laborales y en la sociedad como muy buena gente, como muy pilas y trabajadoras, dejan salir una agresividad e intolerancia absoluta, por no hablar del ‘ego’ que es el que más nos cuesta ver, reconocer y amilanar.

Está bien que nos hemos vuelto protagonistas fundamentales de nuestro día a día; está bien que nos hemos vuelto consumidores exigentes, pero eso actuar como un ser humano que critica, opina, juzga y cuestiona todos los hechos que suceden a su alrededor sí está como para pensárselo mejor antes de hablar o escribir, más aún cuando precisamente la tecnología nos ha dado la posibilidad de influenciar y multiplicar comportamientos en nuestros semejantes.

Creo que estamos llamados a hacer una gestión inteligente de nuestras redes sociales; creo que es necesario hacer consciencia de que podemos usar la comunicación como herramienta de influencia positiva, basada en el liderazgo social, en el resurgir de los valores según la escala de prioridad de cada uno, con un enfoque en ser mejores personas todos los días, intentando no fallar en esos pequeños momentos donde debes mostrar qué es lo que tienes en el corazón y solo de esa forma tus palabras estarán siempre matizadas por el amor, el amor a ti mismo, el amor a tu familia, el amor a tu prójimo que implica aceptar que hay quienes piensan diferente a ti, sin juzgarlos y permitiendo un espacio para la diferencia, dejando a un lado esa necesidad de competir en todo momento.

Por eso aquí te quiero dejar unos tips para hacer consciencia de nuestra comunicación y ser más bondadosos con nuestras apreciaciones:

  • Cuando lees algo que te genera rechazo porque seguramente va en contra de tu pensamiento, pues tú eres digno de pensar lo que quieras acerca del comentario, incluso de la persona que lo hizo, pero quiero que pienses algo; lo que tienes en mente, ¿es necesario que lo digas? pásalo primero por el siguiente filtro: ¿lo que voy a decir genera valor? ¿Lo que voy a decir edifica y construye?
  • Cuando eres tú quien va a escribir algo, lee y re-lee cada párrafo revisando que no estés dando tu opinión. Simplemente escribe todo aquello que te lleve a ser mejor persona y ejemplo a través de la gratitud, a través de querer hacer el bien y ser solidario.
  • Cuando en una conversación nos encontramos con alguien de puntos de vista pesimista, recuerda que es un ser humano, no es mejor o peor persona por ver el vaso medio vacío. Ahí es donde se debe practicar la bondad y la tolerancia, además de intentar mostrar a los demás que el optimismo se puede trabajar.
  • Aguanta la gana de criticar, amarra la lengua, recuerda que la crítica solo indispone, pocas veces es constructiva, busca otro momento para retomar el tema desde otro punto de vista y hacer ver las cosas en positivo: sin usar la palabra “pero” y reemplazándola por un qué tal si…

Ser una mejor persona se puede trabajar, debemos concentrar más tiempo y energía en nuestra familia, en nuestro trabajo que nos edifica que y nos permite una realización personal. También en las redes sociales por supuesto, pero siempre con el fin de transmitir positivismo, esperanza y bondad para influenciar positivamente a la generación de los más pequeños que tienen los ojos en nuestro comportamiento y aprenden más rápido a modular todo aquello que ven en nosotros.