Por: I.A. MSc German Moreno
Gerente Técnico
Campofert SAS

Por favor háganse esta pregunta:
¿Qué sería de nuestro desayuno sin una pequeña cantidad de sal?

Para mí sería terrible, pues nada como esa explosión sensorial en nuestras papilas gustativas, al sentir la fortaleza del sabor de los alimentos potencializada por esa poderosa pizca que impacta día a día nuestras vidas.

Este puede ser uno de los muchos ejemplos que fortalecen el concepto. Sí que importan las pequeñas cantidades, y esto, al llevarlo a nuestra vida profesional, dirige mi pensamiento en ese pequeño gigante, el Molibdeno, elemento que representa la menor acumulación en el tejido seco de las plantas, 0.1 ppm, pero cuya presencia genera un impacto integro en la vida y productividad de un cultivo, pues gracias a su aporte se reportan:

ese a su importancia, la planta tiene serías limitaciones para encontrar el Molibdeno disponible en el suelo. Además de ser poco móvil, tiene varios enemigos en su proceso de absorción, ya que se puede encontrar unido a hierro o a aluminio en formas no disponibles para las raíces o fijado a arcillas tipo alófanas, generando una pobre presencia en solución de suelo que difícilmente supera 4 ppb. Adicionalmente, no se puede dejar de mencionar los limitantes por pH, pues por debajo de 6,5 toma forma de hidrógeno molibdato, forma menos disponible para la planta y, por si fuera poco, como elemento tiene un fuerte antagonismo con el azufre, con el que comparte rutas de acceso a puntos de absorción en raíz por ser ambos aniones tetraédricos. 

Pese a todo esto, este pequeño gigante logra entrar, ayudado por las estrategias de nuestras eficientes plantas de cultivo que, con lo que logren conseguir, llevarán a cabo vitales procesos que impactan íntegramente la vida vegetal, los cuales quiero que recordemos hoy.

Si les parece podemos iniciar por los procesos que se pueden considerar más comunes:

Fijación de nitrógeno ambiental

La fijación del nitrógeno proveniente de la atmósfera es un proceso que puede llegar a aportar, dependiendo del microorganismo y del proceso simbiótico, entre 50 y 250 kilos del elemento Ha/año, lo que tiene alto impacto en un sistema agrícola, aún más cuando consideramos la dinámica de pérdidas en suelo del elemento, su costo por unidad aportada en fertilizantes y su importancia para el desarrollo de cualquier cultivo. Este proceso no podría darse sin el primer componente enzimático que lo hace posible, la NITROGENASA, una Mo-Fe proteína que, compuesta por 24 átomos de hierro y 2 átomos de molibdeno, hace posible el inicio de la conversión del nitrógeno en forma gaseosa a formas disponibles para la biota del suelo y para las plantas.

Una vez el nitrógeno ha ingresado, es realmente aprovechable si y solo si es convertido a aminoácido, pues este elemento ingresa como nitrógeno nítrico (en su gran mayoría) o como nitrógeno amoniacal, pero su absorción en estas formas no significa que la planta pueda utilizarlo directamente en sus procesos. Es como si tuviéramos arroz en la alacena de nuestra casa; si no lo cocinamos no generará ningún provecho. De esta manera vuelve el molibdeno a mostrar su importancia, pues para aprovechar la forma de nitrógeno más absorbida por la planta se requiere de la enzima NITRATO REDUCTASA, que convierte el nitrato en nitrito, y de la enzima NITRITO REDUCTASA que convierte el nitrito en nitrógeno amoniacal, paso previo a volverse aminoácido. Ambas enzimas son molibdeno enzimas, que claramente requieren para su formación del elemento molibdeno y sin su presencia no es posible el aprovechamiento del macro elemento.

Menos mencionadas, pero igual de importantes, son otras enzimas en cuya composición no puede faltar el molibdeno. Allí tenemos a la XANTINA OXIDASA, que también depende directamente de este microelemento y cuyo funcionamiento tiene una relación directa con la producción de NADPH+, componente usado en transferencia de electrones de Fotosistema 2 a Fotosistema 1, proceso que pone la energía para mover el ciclo de Kalvin y la elaboración de asimilados.

Adicionalmente, la XANTINA OXIDASA tiene una importante misión en las estrategias de defensa de los cultivos, ya que está presente en la elaboración de especies reactivas de oxígeno (ROS), componentes oxidantes emitidos al atacante durante el proceso de patogénesis, como respuesta a la presencia de fito patógenos.

También quiero mencionarles a la ALDEHIDO OXIDASA, enzima de alto impacto en la dinámica de crecimiento del cultivo por diferenciación de puntos de crecimiento y por elongación celular. Es un componente integral en la creación de la hormona ácido indolacético, auxina de alto poder en cada etapa de desarrollo de los cultivos, que además de mantener en crecimiento la planta, evita la abscisión de los órganos debido a su importancia en el balance auxina/ácido abscísico en las zonas de ruptura y abscisión.

Para terminar, quiero, basado en las experiencias de campo y en la revisión de aportes de investigación, dejar puntos claves en el manejo del elemento. Desde nuestro aporte al sector agrícola colombiano lo hacemos con el producto MOLIB K.

  • Mejor en aporte foliar que edáfico.
  • Nutriente de alto impacto en tratamiento de semilla para homogenizar y acelerar germinación, y en camas de enraizamiento para homogenizar y acelerar crecimiento.
  • Nutriente de excelente respuesta en desarrollo vegetativo.
  • Para efecto en reproductivo, hacerlo en pre floración y aparición de botón floral.
  • Tiene alta sinergia con boro, nitrógeno nítrico, fósforo y calcio
  • Dosis por hectárea entre 0,75 y 1,5 kilogramos de MOLIB K.
  • Frecuencia máxima: 2 veces por ciclo de producción a dosis alta. 4 veces por ciclo de producción a dosis baja.
  • Va bien para intensificar el color, homogenizar cosechas y generar sanidad en postcosecha.

¡SÍ QUE SON IMPORTANTES LAS BAJAS CANTIDADES!