Compartir Artículo

Por: I.A Camilo Echeverri Erk

Me imagino que soy uno de los pocos votantes de Petro – no petristas – que acepta públicamente que se equivocó. Había decidido no volver a ocupar este espacio hablando del mal gobierno (o desgobierno) que padecemos, hasta que salió a la luz pública el último escándalo propiciado por los ministros Benedetti (Interior) y Montealegre (Justicia). A mi parecer – y ha sido un tema recurrente en algunas de mis columnas anteriores -, es un síntoma más de uno de los problemas más graves que tiene Petro: no es capaz de liderar su equipo de trabajo. Ante la ausencia de una cabeza que dirija, algunos buscan protagonismo, causando ruido y desorden, y se convierten en obstáculos para el desarrollo de los programas de gobierno.

Un motivo más para retomar este tema político tan ’trillado’ fueron las intervenciones de Petro en Nueva York con motivo de la asamblea anual de la ONU. Allí mostró claramente cuáles son algunas de sus intenciones para el tiempo que resta de su mandato.

En aras de mirar retrospectivamente el desarrollo de este gobierno desde sus inicios y contribuir al análisis de la situación actual y el posible escenario de su última etapa, así como de invitar a pensar a qué tipo de dirigente queremos elegir para el próximo periodo presidencial, me puse en la tarea de revisar y seleccionar entre los recortes que guardo del periódico El Espectador – para mí, una de las fuentes más creíbles y objetivas entre los medios de información tradicionales – aquellos que ofrecieran algunas luces para este propósito. Son columnas escritas inclusive antes de agosto de 2022 (inicio del gobierno Petro) por reconocidos analistas de diferentes ocupaciones y orillas del espectro político. Cito textualmente algunos apartes de estas columnas de opinión:

‘Petro es Petro’ (Piedad Bonnett, 22/05/2022):

“Yo no voto por Petro porque me parece populista, pero, sobre todo, como escribí alguna vez, por su talante, que Antonio Caballero, en una columna del 19 de mayo de 2018, describió muy bien: “Lo que no me gusta de Petro es su manera de ser. Petro es Petro. Y eso es lo malo que tiene Petro, un político megalómano que de sí mismo habla en una admirativa y mayestática tercera persona. Lo malo de Petro no es su teoría sino su práctica. La que le conocimos en sus años de alcalde de Bogotá, de ineptitud y de rencor, de caprichos despóticos y de autosatisfacción desmesurada. Su arrogancia, su prepotencia. Su personalidad paranoica de caudillo providencial, mesiánico, señalado por el Destino para salvar no sólo al pueblo de Colombia de sus corruptas clases dominantes, sino al planeta Tierra de su destrucción y a la especie humana de su extinción.” “No le creo ni ‘el amor’ del que tanto habla. Ni ‘el saber’ que pretende transmitir. Ni ‘la humanidad’ que campea en los nombres de sus campañas. Todo eso me parece ficticio e impostado. Petro no inspira confianza.””

‘Petro, o la revolución cultural’ (Hernando Gómez Buendía, 14/08/2022):

“Más que cualquier otra cosa, el proyecto Petro – Márquez es una revolución cultural. Por eso pasamos de técnicos obtusos a un gobierno de intelectuales e idealistas.” 

“La diferencia es que ahora se propone un cambio en la relación entre el Estado y la ciudadanía que abarca todos los espacios de esa relación y ha sido encomendado a personas con visiones del mundo muy distintas de las tradicionales: por eso la revolución cultural.” 

“Sus apuestas son muy altas. (…) Creo además que el gobierno Petro – Márquez tiene demasiadas prioridades y ha despertado demasiadas esperanzas.”

“Creo que un sueño mal conducido puede acabar en desastre. Y sin embargo yo también tengo ese sueño.”

‘Ante la prematura implosión del gobierno Petro’ (editorial, 3/04/2023):

“El intento inicial de convocar un pacto social y conformar una coalición de gobierno por parte del presidente Gustavo Petro fracasó de manera estruendosa tan solo ocho meses después de planteado. El estallido ministerial y legislativo de esta semana no fue solo culpa de los líderes ya obsoletos de los partidos de la U, Conservador y Liberal, sino también del propio mandatario, quien pretendía sumisión por parte de la aplanadora que construyó a partir de las transacciones politiqueras de siempre. Ahora la Casa de Nariño se atrinchera en el petrismo más fiel y en la idea de que acudiendo a las calles podrá refrendar sus propuestas de cambio.”

‘El inepto’ (Felipe Zuleta Lleras, 4/02/2024):

“La incapacidad del señor Gustavo Petro para gobernar al país se demuestra cada día más. No tiene método, es perezoso, mitómano, megalómano y egocéntrico. No hay un solo pronunciamiento del señor Petro que pretenda unir a los colombianos en algún propósito común. Por el contrario, divide y atiza el odio entre ricos y pobres, entre blancos y negros, entre trabajadores y empresarios, ataca virulentamente a los medios de comunicación y en su calenturienta cabeza siempre está pensando que alguien está tratando de darle un golpe de Estado. Se pone por encima de la ley, critica a los órganos de control, habla pestes de las altas cortes y, como si fuera poco, permanentemente ve fantasmas que no lo quieren dejar gobernar. No, señor Petro, no es que no lo quieran dejar gobernar. El asunto es que usted no sabe gobernar pues, como se sabe, no es disciplinado y sigue pensando que está en campaña presidencial.”

‘Vida buena y buen gobierno’ (Rodrigo Uprimny, 10/03/2024):

“Ha tendido entonces a crearse una oposición radical entre tecnocracia y activismo. El problema del gobierno Petro no es que esté llevando a altos cargos a activistas, puesto que estos, con el adecuado apoyo técnico, podrían desempeñar bien su labor. El problema es su tendencia a despreciar los conocimientos técnicos, como si estos fueran exclusivos de una tecnocracia neoliberal indiferente a las necesidades populares. Sin estos conocimientos, el gobierno no podrá concretar las reformas que Colombia requiere.”

‘El que solo vende futuro siempre tiene algo que ofrecer (William Ospina, 20/07/2025):

“Nos gobierna apenas un tribuno grandilocuente y quejoso que se victimiza sin fin y que se va aislando cada día más hasta el punto de que ya solo lo rodean los aduladores ambiciosos que diseñan interpretaciones de la ley a su medida, y dicen amarlo con impudicia, y le prometen que reinará por los siglos de los siglos.”

“Pero eso solo puede significar que no estamos ante el proyecto de un pueblo sino ante el delirio de un hombre.”

“Pero el ilusionista no quiere procesos, quiere resultados, y por eso termina descubriendo, como cualquier demagogo, que lo único que arroja resultados contables e inmediatos son las promesas.”

‘La recta final’ (Hernando Gómez Buendía, 27/07/2025):

“A Gustavo Petro le queda un año. No tiene Congreso, no tiene reformas, no tiene mayorías y ya no tiene tiempo para intentarlas. Lo que sí tiene es la Presidencia – el micrófono, la agenda, los nombramientos, los decretos – y los va a utilizar hasta el último minuto.”

“En esta recta final habrá cuatro prioridades, que ya está poniendo en marcha. La primera es dejar una constancia. El discurso del 20 de julio fue eso: un largo inventario de lo que se hizo, y lo que no lo dejaron hacer. (…) La segunda prioridad es seguir haciendo el cambio por decreto. (…) La tercera carta – la más incierta y también la decisiva – es que el cambio se prolongue más allá del año entrante. (…) La cuarta carta es consultarle algo al pueblo. Lo que sea.”

“El Gobierno ya no tiene un programa de reformas, sino un libreto de despedida.” 

Como se desprende de las anteriores reflexiones, además de la falta de liderazgo y capacidad gerencial, varios columnistas coinciden en que también hay características de personalidad del presidente que lo limitan para desempeñar sus funciones a cabalidad. Eso sin mencionar su adicción enfermiza a la red social X, en la cual pelea permanentemente con Trump o con cualquiera otro que se atreva a contrariarlo. ¿A qué horas trabaja?, me pregunto. Las otras presuntas adicciones (diferentes al café) que le endilga su excanciller Leyva continúan siendo un misterio. ¿Puede una persona con ese tipo de comportamientos gobernar un país tan complejo como este?

Durante todo su periodo presidencial Petro ha dejado ver una explícita intención de venderse ante el mundo como un líder global. En el ocaso de su gobierno esto es cada vez más evidente, como lo ilustran muy bien un par de artículos de la revista Semana (4 al 11/10/2025), de los cuales me permito citar algunos apartes textualmente:

‘El presidente que nunca dejó de pensar como insurgente’ (Diana Saray Giraldo):

“Petro nunca lo entendió. Jamás dejó de pensar como un ideólogo de izquierda; nunca pudo hacer la transición de opositor de gobierno a presidente de la república. Ya en su dignidad de presidente no fue capaz de entender que cada cosa que hace o dice arrastra tras de sí al país. Todo lo que opina un presidente repercute en el país que lidera. Pero nunca lo entendió.

Envuelto en su sueño de rebelde libertario, el presidente muestra cada vez más un mesianismo delirante, en el que él mismo se ve como un líder mundial que liberará al pueblo palestino. Está convencido de que sus discursos movilizan masas planetarias.”

‘El show del M-19 en Manhattan’ (Aurelio Suárez Montoya):

El columnista se refiere a las intervenciones del presidente en la Asamblea General de la ONU y en un evento posterior en una plaza pública, en el cual propuso conformar un ‘ejército de la humanidad’ para defender a Palestina de la invasión por parte de Israel y pidió explícitamente a los soldados de los Estados Unidos desobedecer a su presidente. 

“Desde que se programó la gira de Petro en Nueva York, todo se calculó con la etiqueta #PetroLíderMundial. La intención era proyectar la figura del actual presidente de Colombia a escala global como principal interés nacional. Esta es una urgencia personal, ya que se acerca el 8 de agosto de 2026, a partir del cual lo apremia el interés de convertirse en ‘el faro’ del llamado progresismo global.”

“El genocidio en Gaza ha sido rechazado en todas las latitudes; por lo tanto, no es admisible que se le utilice como plataforma de lanzamiento de supuestos liderazgos globales, fundados en la insólita creación de un ejército mundial.”

Al leer las anteriores opiniones corroboro por qué muchos nos equivocamos al elegir a una persona que nos prometía ‘el cambio’, y resultó, al menos para mí, en una profunda decepción. No se puede desconocer que hay cosas positivas en el periodo Petro, como la entrega y adjudicación de tierras a los campesinos, algunos aspectos de la reforma laboral, la reforma pensional, para citar algunas. Queda por ver qué pueda lograr en los nueve meses que le quedan de su mandato.

Tengo claro que el próximo gobernante que elijamos (ella o él) debe ser un gran ejecutor, más que un ideólogo soñador. Una persona que conozca a fondo el país, que tenga experiencia y haya demostrado resultados positivos en la rama ejecutiva del poder público; ojalá alguien que haya trasegado exitosamente también por el sector privado, pero, ante todo, un líder que sepa inspirar a un equipo de gobierno integrado por personas idóneas y capaces, no importando su origen o color político. Alguien que sea capaz de volver a unir a la mayoría de los colombianos alrededor de una visión de país y un programa de gobierno orientados a disminuir la inequidad social, al logro de la paz y a la derrota de los corruptos.

En mi caso, espero que se cumpla este sabio adagio: “Al perro no lo capan dos veces.”
P.S.: Benedetti, el vergonzoso ‘ministro del interior’, sostiene que el sector floricultor genera solo un empleo por hectárea (revista Semana, boletín digital 14/10/2025). ¡Hágame el favor!

Versión impresa del artículo