Por: La Directora
Nos permitimos tomar el espacio de esta nota editorial para expresar nuestra solidaridad y empatía para con las víctimas del intenso terremoto que se sintió en Colombia el pasado 10 de agosto.
De acuerdo con los datos más recientes publicados por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, el sismo dejó 314 personas fallecidas, 4.437 heridas y 262 desaparecidas. Cientos de miles de familias sufrieron daños materiales en 15 departamentos del país. La infraestructura de los casi 500 municipios afectados también sufrió pérdidas cuantiosas. Edificios colapsados o averiados, hospitales, aeropuertos, catedrales, carreteras y un sinfín de estructuras cuya recuperación tomará tiempo y recursos. Una tragedia de extraordinarias proporciones que llevó al gobierno, recién instalado, a declarar la situación como de Desastre de Carácter Nacional, declaratoria que se mantendrá durante 12 meses prorrogables y que permite activar recursos para la atención del desastre.
En medio de todos los problemas y desacuerdos que tenemos, el terremoto del 10 de agosto nos permitió ver que el país tiene capacidad de unión y que la solidaridad es un sentimiento común. La movilización de recursos de asociaciones, comunidades, artistas, empresarios y particulares desde todas partes del país fue no solo conmovedora sino también esperanzadora. La división política del país, tan efervescente tan solo unos días atrás, se vio como una banalidad frente a la urgencia de empatizar y a socorrer al prójimo golpeado por el azar. No solo se movieron miles de toneladas de ayuda humanitaria, sino que arribaron cientos de voluntarios rescatistas a los lugares afectados.
Esa llamada, ese mensaje de inquietud del pariente lejano y olvidado, del amigo distante, del colega de hace muchos años o de aquel con quien no se tiene una relación muy cercana, pero que se entrecruza en nuestro diario vivir fue importante, pues declaraba que más allá de las diferencias nos importa el otro y estamos dispuestos a ayudarlo.
Deseamos de corazón que quienes de nuestro sector hayan sufrido pérdidas con ocasión de esta terrible catástrofe natural encuentren pronto consuelo, alivio y recuperación económica.



