Por: Germán Camilo Villalobos Oviedo 
CEO fundador Grupo Bioserviam SAS

Por definición, el suelo no es solamente el sustrato inerte en donde crece y se desarrolla un cultivo. Por el contrario, es un organismo vivo, un ecosistema completo que requiere la atención suficiente. Un suelo y un sustrato productivo deben tener minerales y la biología necesaria para el óptimo crecimiento y desempeño productivo de las plantas. 

En los procesos de producción tradicional e intensiva, esta condición la suplimos con fertilización química, en donde a través del tiempo se puede crear un desequilibrio entre los factores físicos, químicos y biológicos y, por ende, sus interacciones. En algunas ocasiones se hacen aportes de materia orgánica en diferentes formas, pero el hecho de trabajar enfocándose en los dos primeros aspectos mencionados genera fenómenos de compactación y salinización, dando como resultante el bajo o pobre desarrollo de las raíces, resultando en la falta de maximización de la productividad del cultivo, más aún  al combinarse con otros aspectos bióticos y abióticos del entorno.

Particularmente, en los cultivos de flores ornamentales de exportación se tiene una superficie determinada en donde los procesos de intercambio de minerales entre suelo y planta es bastante específico. Muchas veces estos procesos no son del todo eficientes, lo cual se evidencia en la productividad y sanidad del cultivo. La capacidad de absorción de las raíces es limitada y, de igual forma, los minerales son difíciles de extraer del suelo por parte de la planta por sí sola, por lo que es clave la acción de microorganismos en este proceso, bien sea por bacterias, hongos, actinomicetos o algunos tipos de algas, que conviven en un entorno complejo con otros microorganismos benéficos, pero también patógenos.

En este ecosistema del suelo hay ejemplos muy claros de cooperación, simbiosis y dependencias mutuales: las bacterias benéficas no pueden sobrevivir sin las raíces ya que los exudados que produce la raíz las nutre con azúcares en forma de glucosa y agua; así mismo, las raíces tienen un alcance limitado en el suelo y dependen de su ayuda. Los minerales difíciles de extraer por la raíz, como por ejemplo los fosfatos, son solubilizados y entregados por bacterias como las Pseudomonas

Otro ejemplo claro es cómo el sistema de raíces se complementa con las micorrizas, generando una conexión viva que permite acceso a los microporos del suelo de manera extendida, logrando una mayor superficie de absorción de agua y nutrientes y potencializando su efecto hasta 7 veces. Los hongos micorrícicos no son tan comunes hoy en el campo por la alteración de este bioecosistema y es importante la adición de los mismos en cantidades y frecuencias que deben ser definidas de acuerdo con los planes de manejo que se definan en la estrategia de nutrición.

En este ecosistema es también clave la presencia de materia orgánica transformada en humus, cuya función es la conservación de nutrientes, retención de humedad, mejoramiento de la capacidad de intercambio catiónico, la retención del CO2 del suelo y el almacenamiento de la energía necesaria para el correcto funcionamiento, mantenimiento y crecimiento de la microfauna y, en suma, la recuperación del suelo.  

En la interrelación de estos tres factores y de forma adicional al aspecto nutricional, se empieza a crear en el suelo un efecto complementario y no menos importante, que es el de “suelo supresivo” de patógenos, aspecto que merece todo un capítulo que podremos publicar en próximas ediciones.

Devolviendo vida a la vida: biofertilizantes 

Los biofertilizantes son compuestos microbianos que mejoran la fertilidad del suelo mediante el uso de microorganismos en relaciones simbióticas con las plantas. Los biofertilizantes pueden definirse además como inoculantes microbianos que contienen cultivos de ciertos microorganismos del suelo que se multiplican en condiciones controladas y que pueden mejorar la fertilidad del suelo y la productividad de los cultivos (Roychowdhury, Pauland Banerjee, 2014).

Los biofertilizantes se puede clasificar ampliamente en ocho tipos: (i) Rhizobium, (ii) Azospirillum, (iii) Azotobacter, (iv) Alga verde azul (Cyanobacteria) y Azolla, (v) Micorriza (Absorbentes de fosfato), (vi) Promotores de crecimiento de las plantas – Rizobacterias, (vii) Solubilizadores de fosfato y (viii) Solubilizadores de zinc.

¿Qué hacen y cómo actúan los biofertilizantes? 

Los biofertilizantes, al ser aplicados al suelo, plántulas o semillas, colonizan la rizosfera o el interior de la planta y promueven el crecimiento al aumentar el suministro o la disponibilidad de nutrientes primarios para la planta huésped (Weyens, 2009). Dependiendo del tipo de microorganismo contenido, realizan las siguientes acciones:

  • Fijan el nitrógeno atmosférico en el suelo y lo ponen a disposición de las plantas. Los fijadores de N reducen el agotamiento de los nutrientes del suelo y proporcionan sostenibilidad al sistema agrícola.
  • Solubilizan las formas insolubles de fosfato como los fosfatos tricálcicos, de hierro y de aluminio en formas disponibles. Otros solubilizan el zinc u otros minerales importantes para el correcto funcionamiento fisiológico de las plantas. 
  • Producen hormonas y metabolitos que promueven el crecimiento de las raíces. También liberan sustancias y vitaminas que promueven el crecimiento y ayudan a mantener la fertilidad del suelo.
  • Descomponen la materia orgánica y ayudan en la mineralización del suelo.
  • Suprimen la incidencia de patógenos y controlan enfermedades.
  • Mejoran las propiedades físicas del suelo, la microporosidad y la salud del suelo en general.

SOIL ACTIVATOR una revolucionaria innovación Biotecnológica

Earth Alive Soil Activator® es un inoculante de suelo patentado, especialmente diseñado para la agricultura orgánica y convencional. Está adecuado y estabilizado para condiciones geoclimáticas tropicales en diversos cultivos.

Earth Alive Soil Activator® es un biofertilizante que contiene tres cepas bacterianas no genéticamente modificadas, específicamente Bacillus subtilis, Bacillus amyloliquefaciens y Pseudomonas monteilii. Tiene un subproducto forestal como portador de los microorganismos que los mantiene establemente formulados y potencializando su efecto.

Estas cepas específicas de microorganismos fueron elegidos por sus características individuales para mejorar la fertilidad del suelo de varias maneras. El efecto de Soil Activator® es la resultante de la sinergia y potencialización de la mezcla de ingredientes, en lugar de una cepa específica o microorganismo de un solo efecto.  

Cuando se aplica al suelo, bien sea al establecimiento, en momentos de crecimiento y producción de la planta, los microorganismos benéficos de Earth Alive Soil Activator® (cepas de Bacillus y Pseudomonas) cobran vida, multiplicando y colonizando la rizosfera, la región estrecha del suelo alrededor de las raíces de la planta.

La población microbiana contenida en el Earth Alive Soil Activator® trabaja en conjunto con otros ingredientes de la fórmula patentada, mejorando la absorción de nutrientes de la planta al convertir el Nitrógeno gaseoso en nutriente y los minerales del suelo (fijados o no) como fósforo, zinc, silicatos, hierro; también mineralizando la materia orgánica, convirtiéndola en nutrientes fácilmente absorbibles y  promoviendo así la salud y el crecimiento de la planta. 

Los múltiples modos de acción ofrecidos por Earth Alive Soil Activator® producen un crecimiento más vigoroso y mayores rendimientos, lo que resulta en prácticas agrícolas más sostenibles y una mayor rentabilidad para los productores.

La fuerza de la naturaleza en resultados que se ven

Luego de entender el concepto sobre la necesidad de devolverle vida a la vida del suelo, compartimos algunos de los resultados obtenidos en aplicaciones y mediciones obtenidas hasta el momento de la edición de este artículo.

Rosas

Las aplicaciones realizadas con Earth Alive Soil Activator® en cultivos ornamentales han demostrado el impacto positivo sobre los componentes de productividad de las plantas, como la promoción de nuevos basales y mediapiernas en rosas, lo que representa nuevas estructuras productivas del cultivo. 

A continuación, gráfico de resumen de resultados con una aplicación por ciclo:

Clavel

En el caso del cultivo de clavel se está evaluando el efecto antagonista y de bioprotección contra enfermedades de suelo, con diferentes metodologías y épocas de aplicación bien sea en bancos, plántulas, trasplante y momentos clave en el desarrollo del cultivo.

Otros

En otras especies se están empezando a montar pruebas de campo con el fin de encontrar el efecto acorde a necesidades del floricultor y a las exigencias del mercado.

Para cualquier información adicional por favor contactar a Agrointegral Andina o Grupo Bioserviam SAS. 

“Todo organismo vivo responde y se comporta con el amor con el que es tratado”

Bibliografía

  • Roychowdhury, Debojyoti, Paul, Manibrata and Banerjee, Sudip Kumar (2014), “A Review of the Effects of Biofertilizers and Biopesticides on Rice and tea Cultivation and Productivity”, International Journal of Science, Engineering and Technology, 2(8). 
  • Weyens, N., D. van der Lelie, S. Taghavi, L. Newman and J. Vangronsveld (2009), “Exploiting Plant-Microbe Partnerships to Improve Biomass Production and Remediation,” Trends in Biotechnology, Vol. 27, No. 10, pp. 591-598. doi:10.1016/j.tibtech.2009.07.006 
  • Hasrat Arjjumend1, Simon Neufeld, Viviane Yargeau and Michael Warren (2017), “Reviving Soil Biology and Crop Productivity through New Biofertilizer: Agroecological Performance of Pseudomonas monteilii in Tropical Environments”, International Journal of Tropical Agriculture, Vol 35, No4.